Los niños y el miedo

Esta es la experiencia que tuve con mi hija Gal·la de 4 años y medio, hace unos días:

A medio cenar le entraron ganas de ir al baño. Va solita pero me llama para que la limpie. Resulta que cerró la puerta del baño y este queda un poco lejos de la cocina y no la oí gritar mi nombre para que fuera. Al cabo de un rato, pensé “sí que está tardando”… Fui y a la que me acercaba ya la escuché llorando. Entré y estaba hecha un mar de lágrimas por qué no la había oído y hacía muuuuuucho rato que me estaba llamando. Entonces, la abracé inmediatamente, la besé y sin dejar de abrazarla empezamos esta conversación:

Gal·la – Tenía mucho miedo mamá… y no me oías…

Yo – Perdona cariño. Desde la cocina y con las puertas cerradas no te he oído. Si te hubiera oído hubiera venido corriendo. Lo siento.

Gal·la – Es que tenía miedo porqué mi cerebro veía a una araña.

(Abro paréntesis. A mis hijos les suelo hablar en propiedad. Conocen su cerebro, su corazón, su alma, sus “tropas internas de defensa” a las que envían a cualquier parte de su cuerpo que se encuentre malita, la mayoría de sus emociones… Además, Gal·la tiene miedo a las arañas desde este verano cuando una noche se despertó como loca y fuera de sí porqué estaba soñando con una de ellas).

Yo – Vamos a hacer una cosa si te parece. ¿Por qué no disfrazamos a la araña que te da miedo para convertirla en la araña que dé risa? ¡Venga! ¿Te la imaginas con un tutú de bailarina de color rosa? ¿Qué le quieres poner tú para que dé risa?

Gal·la – Yo… unas gafas de sol y unos patines.

Yo – Pues yo… un gorro de papá Noel. ¿Qué más?

Gal·la – Y una nariz de payaso.

Yo – ¿Y qué más?

Gal·la – Y lleva una maleta…

Yo – ¿De qué color?

Gal·la – Azul.

Yo – ¿Y qué hay dentro?

Gal·la – Chuches… y un cepillo de dientes.

Yo – ¡Pero si las arañas no tienen dientes!

Gal·la – ¡Pues se las ponemos!

Yo – ¡Vale! Así podrá utilizar el cepillo de dientes.

Gal·la – ¡Ya sé cómo se llama, mami! Ahora se llama la “araña graciosa”.

En cuestión de segundos cambió la expresión de su cara. El miedo se diluyó por completo y nos reímos un montón. Al final hasta se inventó una canción con la araña graciosa.

Los niños viven en el mundo de la imaginación, y para ellos es real. ¡Cree en su poder y su creatividad para luchar contra sus miedos!

Desde un estado de amor y creatividad (que para mí es lo mismo), puedes convertir un momento complicado en un momento de máxima belleza y unidad.