amor incondicional

Le llamamos amor cuando es ego

Si estás dispuest@ a abrirte a otras perspectivas te recomiendo que sigas leyendo y descubrirás porqué le llamamos amor cuando en realidad es ego.

 

Este #innerpost nace de un feedback que me hicieron por privado en referencia a uno de mis #balsamicdarts de Instagram. Por si no lo sabes, los #balsamicdarts son reflexiones escuetas fruto de tomas de conciencia en mi propia experiencia vital. Les llamé así porque para mí son dardos balsámicos; dardos para el ego, bálsamo para el alma. Y mi intención con ellos es ofrecer perspectivas diferentes para retar a tu sistema de creencias instalado en tu cerebro, con la voluntad de que veas más de ti, que expandas tu conciencia (si así tiene que ser) y liberes a tu alma.

Dicho esto, vamos al grano. La reflexión en ese #balsamicdarts en concreto era: “Cómo te comunicas con los que (en teoría) amas es como te comunicas contigo mismo”. Ese paréntesis fue lo que movió a la persona en cuestión a escribirme. ¡Bravo! Algo se movió en él. Misión cumplida. “¿¡Cómo qué “en teoría”!? O se ama o no se ama. Yo amo en realidad, no en teoría”. Deciros que ese paréntesis fue colocado ahí con toda mi intencionalidad. La intencionalidad de provocar reflexión acerca de qué tipo de amor estamos practicando. ¿Amor incondicional o amor condicional?

 

Soy madre de un niño y una niña, y desde siempre había oído que el amor maternal es el más incondicional de todos. Mentira. Y digo mentira porqué me he observado millones de veces (desde mi inconsciencia) experimentando el amor condicional: intentando querer cambiar las situaciones que se están dando con mis hijos, rechazando interna o externamente sus comportamientos, intentando evitar que se sientan como se sienten en un momento determinado por qué no sé cómo lidiar con ello. Y eso no es amor incondicional. Eso es amor condicional aprendido. Mi querer cambiar las situaciones e intentar imponer como yo creo que deberían de ser (patrón de control), mi rechazar interna o externamente sus comportamientos (patrón juicio bien/mal) y mi intentar evitar que se sientan como se sienten (patrón rechazo) no surgen de las situaciones, ni de ellos, nacen en mí. Nacen en mi sistema de creencias absorbido y aprendido por mi niña. Y surgen precisamente para que yo aprenda a amarles y amar incondicionalmente. Y así es como se dan esas situaciones en las que ellos (desde el amor incondicional que son) actúan como un espejo para mí.

 

Me atrevería a afirmar que todos hemos sido criados y educados desde el amor condicional. Todos fuimos rechazados en algún momento por nuestros padres por como estábamos viviendo nuestras emociones, o por como desde nuestra inocencia y virginidad en actuar desde creencias sociales, nos comportábamos en según qué situaciones. Todos, poquito a poquito, fuimos programados para ir aprendiendo qué era lo que estaba bien y qué era lo que estaba mal, y fuimos reprendidos (de una u otra forma) cuando éramos la versión de nosotros mismos que era la “mala”. Todos fuimos enseñados para buscar fuera de nosotros lo que en teoría nos faltaba para ser perfectos y completos.

 

No hace demasiados días observé una escena que me llevó a comprender más profundamente esto. Un lunes, mi hijo de 8 años tenía que exponer oralmente en clase un trabajo sobre un tema que él había escogido. Por la tarde, al recogerle en el colegio con mi madre, le pregunté a mi hijo: “¿Cómo ha ido tu exposición?”. Antes que él pudiera responder mi madre preguntó “¿Qué ha dicho la maestra?”. Tomé consciencia de la magnitud del peso que conllevaba una pregunta aparentemente tan tonta como esa. Tomé consciencia de como yo fui educada para buscar el valor de lo que yo hacía en la aprobación externa, de cómo inconscientemente nos enseñaron a vislumbrar y otorgar el poder a autoridades externas a nosotros. Y como una sola opinión (juicio) externo acabaría determinando la valoración bien/mal a lo que hacemos. Y en consecuencia la valoración de lo que somos. Porqué los niños no diferencian su SER de su hacer. Y cuando des validamos su hacer, entienden que estamos des validando su SER.

Yo noté mi contracción emocional corporal como reacción a esa frase de mi madre. Y podría haber escogido explicarle racionalmente mi filosofía educacional. En vez de eso, decidí estar presente para mi hijo y regalarle estas otras preguntas: “¿Has disfrutado haciéndolo? ¿Qué es lo que has aprendido de ello? ¿Cómo te has sentido haciéndolo?”.

 

Tomar consciencia de desde qué tipo de amor, desde qué heridas de nuestros padres, desde qué creencias fuimos criados es indispensable si no queremos reproducir este modelo de crianza y educación para con nuestros hijos.

 

Está claro que lo que sentimos por nuestros hijos y muchas otras personas es amor incondicional, porqué por mucho que hagan cosas que a nuestro ego no le gusten seguimos amándoles. Pero me refiero a identificar cuando es que nuestro ego y nuestr@ niñ@ herid@ se filtra en nuestras situaciones diarias y tiñe de condicionalidad ese amor puro.

Practicar conscientemente el amor incondicional no es posible si uno no se ama incondicionalmente a si mism@. El amor empieza y acaba en un@ mism@.

Y eso es lo que hemos venido a aprender: A amar incondicionalmente todo.

Y ese Todo incluye: todo lo que sucede, tal y como sucede, me incluye a mí y a todos lo que están en mi vida.

Y ahora puedo oír a tu ego decir: “¡esto es imposible!”, “¡menudo faenón cambiar todo eso!”. No hay que cambiar nada. Solo observar y sentir.

Sentir lo que siento sea lo que sea. Observando mi cuerpo y mis pensamientos. Sin pretender encontrar respuestas en mi cerebro.

Solo observando mis patrones de miedo en todas sus múltiples formas; ira, tristeza, miedo, rechazo, control, juicio, comparación, celos, etc… Puedo escoger en cada instante presente la versión de mí que escojo ser.

Solo observando mis patrones de necesidad de control puedo aprender a rendirme ante la vida.

Solo observando y cuestionando mis juicios, lo que aprendí que estaba bien o estaba mal, puedo reaprender a verlo todo como perfecto y válido sin sentir la necesidad de cambiarlo.

Solo observando mis patrones de rechazo puedo aceptar mi ignorancia, mi incompetencia, mi perfecta imperfección de manera compasiva.

 

Solo observando una y otra vez mis patrones inconscientes, las heridas de mí niñ@ que acabaron desarrollando una falsa identidad como sistema de supervivencia, protección y miedo, puedo hacerlos cada vez más conscientes y trascenderlos.

 

Y si el amor maternal/paternal está infiltrado de la condicionalidad y dualidad del ego, ni qué decir sobre el amor de pareja, amor filial, el fraternal y otros tipos de amor…

 

Desde mi punto de vista, las relaciones con un vínculo emocional mayor son el gran regalo en nuestra vida. Pues ellas nos permiten ver nuestra parte más oscura para trascenderla y también nuestra parte más luminosa para reconocernos en ella.

 

Y no hay culpables en las generaciones que nos precedieron. Solo hubo inconsciencia. Fuimos (inconscientemente) criados desde la ignorancia y las heridas emocionales de nuestros padres, y ellos de los suyos, y así hasta siglos atrás, desde la mejor intencionalidad del mundo y lo mejor que supieron y pudieron hacer. Palabras que escribo con todo el respeto, la comprensión y la compasión que en este momento soy capaz de sentir. Reconociendo que yo también he culpabilizado a mis generaciones precedentes de mis heridas. Y reconociendo que es a mí y a nosotros a quien nos corresponde sanarnos como individuos adultos para vivir nuestras relaciones amorosas desde la elección de la consciencia y no desde los patrones automáticos disfuncionales de nuestro inconsciente. A nosotros nos corresponde aprender a amar incondicionalmente.

roSER vinyet

# amor # apego # egoísmo