La lógica coherente de las etiquetas

¿Cuáles son las etiquetas que un día; de pequeño, validaste de ti mismo? ¿A lo mejor: tímid@, egoísta, lent@, imperfect@, etc.? Hasta los siete años, todo lo que nos dicen que somos lo aceptamos sin filtrar, porque nuestro cerebro de niño simplemente no tiene la capacidad para hacerlo. Todavía no tiene formado del todo el lóbulo frontal, que es el que tiene la capacidad de razonar y poner en duda estas etiquetas. Y así, es como llegamos a adultos pensando que somos lent@s, tímid@s, egoístas o imperfect@s.

Vivimos en un mundo dual en el que definimos con polos opuestos: luz – oscuridad, amor – odio, miedo – valentía, bueno – malo, perfecto – imperfecto, frío – calor, etc. Cada pareja es una misma naturaleza expresándose en un grado diferente. En un termómetro, ¿en qué punto puedes afirmar que deja de hacer frío y empieza a hacer calor? ¿En cuál de tus miedos descubriste que eras valiente? ¿A quién sientes que odias más a veces? ¿Cómo podría existir uno de los términos sin el otro? El punto donde uno de los términos pasa a ser el otro depende de la subjetividad del observador que lo interpreta.

Tú no eres lent@, vas a un ritmo diferente al que te tacha de lent@. Tú no eres egoísta, simplemente no haces lo que quiere quien te tacha de egoísta. ¿Quién está siéndo el egoísta aquí? Tú no eres imperfecto; fíjate en cómo han ido cambiando los cánones de perfección a lo largo de los siglos. ¿En cuál de ellos sí serías perfecto?

Todo es relativo. Y puestos a comparar, ¿no sería más coherente compararse con uno mismo?