Cuando eres capaz de vivir desde el amor y no desde el miedo…¡vuelves a ser un niño!

Cuando eres capaz de vivir desde el amor y no desde el miedo… ¡vuelves a ser un niño! Retornas a tu esencia.

¿Te has preguntado nunca qué es lo que tanto nos enamora de los niños? Ellos son auténticos. Son esencia. Son abundancia de amor y ausencia de miedo. Viven desde el mundo de las emociones. Expresan en cada momento lo que sienten, sin vergüenza, sin miedo a perder, sin miedo al rechazo, sin pensar qué van a opinar los demás de su comportamiento o de ellos, sin miedo al fracaso. ¡Y por esta razón avanzan tanto! Por esta razón aprenden tanto. Por esto evolucionan a un ritmo trepidante y consiguen todo lo que se proponen.

Los niños no se rinden. Cuando quieren algo son constantes y disciplinados. Se caen mil veces antes de aprender a caminar, y se levantan y lo vuelven a intentar, las veces que haga falta.

Los niños, viven en el presente, en el mundo de los sentidos, en todas y cada una de las cosas que hacen. Son creativos e intuitivos: Y son capaces de estar diez minutos mirando una cremallera y te sorprenden diciéndote: “¡Mira mamá! ¡Están abrazadas!”.

Los niños, no entienden de prisas ni de relojes. Por esto, se paran a observar detenidamente a un gusano peludo aunque lleguen tarde al colegio y te dicen: “¡Mira mamá! A lo mejor a el papá de este gusano se le ha olvidado hoy de peinarle…”.

Los niños, no se preocupan en absoluto por el futuro ni se martirizan por el pasado. No juzgan; aceptan. Perdonan y se perdonan. Son infinitamente agradecidos. Y tienen un sano amor propio: primero son ellos y lo que ellos necesitan para ser felices. Saben poner límites (aunque a veces no nos guste como los ponen) y no crean expectativas ni de los demás ni de ellos mismos. Y por esto no viven en el resentimiento ni en el sentimiento de culpa.

Los niños son unos grandes maestros en los que espejarnos.

Así pues, ¿por qué esta belleza va marchitándose a medida que cumplimos años? Por qué a medida que pasan los años, les vamos enseñando a sobrevivir y no a vivir como hacían hasta ahora. Y poco a poco, van construyendo y actuando con las diferentes máscaras que conformaran su EGO. Será su ego el que les va a permitir sobrevivir en sociedad. El ego es un conjunto de máscaras que se construyen; por un lado, a partir de creencias aprendidas: “Si ese niño no te deja sus juguetes, tú tampoco le dejes los tuyos”, “¡No llores! ¡Los niños no lloran!”, “Si no haces esto, no te querré”. Pero también se construyen a partir de experiencias dolorosas que no queremos volver a vivir: “Mis amigas no me quieren en su grupo porque dicen que estoy gorda”, “La mancha de zumo que he derramado en la camisa de mi padre es más importante que yo…”, “Si este me ha hecho daño, ya no volveré a confiar nunca más en nadie”. El ego es el que no quiere dejar que suframos de nuevo, y nos hace actuar ante experiencias diferentes; pero similares a las vividas, de la misma manera. Es nuestro juez interno, implacable y severo. El que todo lo quiere de manera inmediata y quiere que actuemos como hemos pensado que “deberíamos” como: hijo/a, pareja, profesional, amigo/a, padre o madre, etc. No admite el mínimo error, y nos hace sentir culpables cuando no estamos siendo como “deberíamos” de ser. El ego se alimenta de esta culpa. Y es él el que en realidad nos hace vivir desde el sufrimiento. Es agotador…

No podemos pretender eliminar a nuestro ego, porqué le necesitamos para saber quién realmente somos y cuáles son las partes que necesitamos mejorar de nosotros mismos. Pero conocerle y aprender a identificarlo justo en el momento en el que sale durante nuestro día a día, nos permite decidir racionalmente como realmente queremos actuar. Desde la calma.

Todo aquello que nos molesta de alguien no es nada más que un reflejo de alguna cosa que no tenemos resuelta o no nos gusta de nosotros. Y de la misma manera, todo lo que admiramos o nos gusta en alguien, es una potencialidad que hay en nosotros deseando salir. Somos espejo los unos de los otros. Por esto admiramos y nos enamoran los niños: ellos nos recuerdan que dentro de nosotros hay esta esencia de amor y valentía que desea imperiosamente salir.

Cuando nos atrevemos a volver a vivir desde el amor y desde la valentía de mostrar lo que realmente somos, sentimos y pensamos, somos felices. Es cuando hacemos y decimos lo que está alineado con nuestra esencia de manera respetuosa con los que nos rodean, que sentimos este equilibrio y paz interior que nos lleva a la felicidad, a la propia autoestima y a amar al prójimo.

¿Y tú, ¿ya has aprendido a identificar a tu ego?