mamá

Mamá

La relación con mamá lleva implícito el propósito del despertar espiritual.

Este #innerpost es especialmente relevante para mí. Mi intención en este mostrarme en él es compartir mi experiencia por si resuena contigo y al leerla puedes conectar con ese desasosiego y esa paz interior en tu vida. Puede que en tu caso sientas que quieres sustituir la palabra mamá por la palabra papá, o por ambas. Si es así, siéntete libre de sustituirla por el nombre del progenitor del cual deseaste más el amor, la atención y el reconocimiento de pequeñ@.

Si hay una relación que me ha marcado profundamente; y sigo en el camino de comprenderla e integrar porque sigo en el camino de comprender e integrar mis sombras, es la relación con mi mamá. Y concretamente la interpretación que yo hice de mi relación con ella.

Y quiero poner énfasis en la palabra interpretación, porqué no es lo que sucede, sino cómo vivimos lo que sucede. Y lo vivimos en base a nuestro sistema particular, individual de percepción del mundo y de la interpretación subjetiva que hacemos sobre lo que sucede.

Darse cuenta de esto, marca un antes y un después en nuestro proceso de autoconocimiento. Y sé, porque lo he vivido, que cuando vives creyéndote tu interpretación hay mucho sufrimiento y no siempre es fácil salir de ahí. Y la voluntad de dejar de sufrir es la que te guía y te acaba trayendo a herramientas y personas que te acompañarán en el camino de ver desde qué patrones de interpretación del mundo y las relaciones estas operando.

Mamá (y la semillita de papá) me regaló la vida. Esto en un plano terrenal, humano. Pero en un plano superior, divino, nuestras almas se escogieron por resonancia para un propósito ya antes de nacer.

El rol de madre es el de nutrir. Y no solo el de abastecer de alimento durante la etapa más dependiente de nuestra vida, ¡que también!, sino nutrirnos de amor, seguridad, aceptación, reconocimiento, valoración. La nutrición que recibamos en nuestras etapas más tempranas de la vida en ese sentido, marcará el tipo de amor que practicaremos con nosotros mismos en nuestras etapas adultas. El rol de mamá es también el de acompañarnos a entrar en nuestro mundo emocional interior.

El rol de papá es el de acompañar a entrar en nuestra madurez, introducirnos en el mundo adulto, en el mundo racional, en el de empezar a caminar solitos y expresarnos como seres autorreferentes y autónomos. Pues somos seres completos y traemos de serie ese parte femenina (independientemente de que hayamos nacido varones) y esa parte masculina (independientemente de que hayamos nacido hembras).

La interpretación de la carencia que sentimos que vivimos en nuestra infancia (en alguno o varios de estos puntos) es la causa de nuestras heridas emocionales y de nuestras emociones de rencor y culpabilización proyectados hacia afuera, hacia alguno de nuestros progenitores en particular.

Cada generación crió, educó, operó desde un paradigma inconsciente de crianza, desde un nivel de conciencia, desde una forma particular (en la misma polaridad heredada o en la contraria) de concebir el amor materno-filial, la crianza y la educación. Pero sobretodo mi mamá (y la tuya) actuaron desde el individuo que eran. Con sus luces y sus sombras. Desde su esencia más pura de amor incondicional abundante y desde las heridas de carencia de su ego, en sus momentos de crisis emocional.

Sí. Mi mamá también fue en su día una niña. También compitió por el amor, la atención, la aprobación, el reconocimiento de su madre. También experimentó la carencia y la incomprensión. También se sintió no vista por quien más deseaba ser vista. Y también desarrolló un mecanismo de supervivencia (llamado ego), una máscara para ocultar tanto vacío y obtener externamente lo que creyó que llenaría ese vacío. Y… también se creyó ser su personaje.

Observar la relación con mamá me permite conocerme. Ella me hace de espejo de lo que no veo de mí, de lo que todavía rechazo en mí, de esa parte que no acepto, de ese vacío que intento rellenar desde el exterior, de mi ego, de mis heridas. Pues lo que más detesto en ella es lo mismo que estoy expresando yo; a lo mejor, en otras áreas de mi vida (trabajo, pareja, hijos, espiritualidad,… o en mi relación con ella).

A su vez, soy capaz de ver su abundante naturaleza de amor, su incondicionalidad, su generosidad, su fuerza, su fortaleza, su empatía, su aceptación, su espiritualidad, su esperanza, su bondad, su confiar en la vida, su transparencia, su honestidad, su sinceridad… que también son un reflejo de lo que está en mi esperando a ser adorado y vivido.

Mamá y yo hicimos un pacto antes de nacer. Un pacto de almas para expandir nuestro nivel de conciencia. Un pacto de almas para expandir nuestro aprendizaje en esta vida, para vernos más. El pacto de almas más extremadamente relevante de nuestras relaciones-espejo, porqué por ese motivo decidimos que fuera para toda la vida. Hacer las paces con esta relación de codependencia es mi gran profundo deseo, porque lleva implícito mi despertar espiritual y culminar el proceso de aceptación y estar en paz conmigo misma, porque lleva implícito la transformación de las palabras: amor, apego, dependencia, madurez, autorreferencia, vida.

Deseo profundamente que estés en el mismo deseo que yo.

roSER vinyet

#efectoespejo #relaciones #mama #papa

frialdad

Mi frialdad

Mi frialdad ha sido mi refugio. Ha sido esa armadura invisible que ni siquiera yo sabía que llevaba puesta.

Este #innerpost, como su nombre indica, es un post que proviene de mi interior. Y el objetivo que persigo con este mostrarme descarnadamente es servir. Que lo que vas a leer te pueda servir si te resuena y te sientes identificad@ con ello, puedas liberar memorias, sanar heridas o conectar con tu paz interior. Pues siempre he sentido que cuando ves en tu exterior que alguien admite su vulnerabilidad, eso desatasca algo en tu interior y provoca; aunque solo sea en ese momento, que tú te permitas abrazar la tuya.

Y ese minúsculo hecho es poderosísimo, pues abre ante tí una nueva posibilidad desde la cual actuar a partir de ese instante.

Como siempre, encuentro inspiración en mí día a día. Y este post ha nacido de una conversación especialmente bonita con uno de mis hermanos. Y no bonita por qué las cosas que en ella salieron fueran bonitas de por sí. Sino porqué gracias a ella me he visto más y me he comprendido más. Una de las frases de mi hermano impactó, resonó en mí de una manera particularmente profunda. Y desde mi paradigma de autoconocimiento supe que; por resonancia, ahí había información para mí. “Algunas personas piensan que eres fría”.

Eso me hizo reflexionar sobre mi frialdad. Durante muchos años; como 40, mi frialdad fue una máscara para esconder tanta ternura, tanta hipersensibilidad y  mí extremada sensación de vulnerabilidad. Una armadura que mi niña y mi adolescente fueron construyendo poco a poco para defenderse de un mundo que interpretaron como hostil, amenazante e hiriente.

Me parece muy curioso incluso mi nombre Roser en ese sentido. Roser significa rosal en mi lengua catalana materna. Ese arbusto de rosas de perfume sublime y belleza infinita, que protege su atracción magnética de depredadores con aguijones. Sí. No son espinas, en realidad son aguijones.

Así me construí yo de niña y adolescente. Sin saberlo. Inconscientemente.

El sistema de protección y supervivencia (llamado ego) que poseemos todos los seres humanos, alineó en mí, a la perfección, la forma externa y las maneras a un ideal mental de cómo mi niña creyó que debía ser. Alineó una apariencia externa robusta, segura e imperturbable; una mirada profunda, directa y retadora; unos andares firmes y decididos; unas palabras sin anestesia, sinceras e invasivas; una espalda amplia y fuerte para cargar con todo y no necesitar ayuda alguna de nadie; una capacidad extrema de razonar y reflexionar lo irrazonable y defender las opiniones, pensamientos y creencias propias a capa y espada. Un sistema de protección que; en definitiva, ahuyentara posibles ataques, remitiera ataques reales y posibilitara la supervivencia de ese núcleo tierno, hipersensible y vulnerable en mi interior.

Solo algunos elegidos se atrevieron a no creerse mi personaje porque por algún milagroso motivo vislumbraron mi auténtica esencia. A ellos (vosotros ya sabéis quienes sois) hoy les doy las gracias desde lo más profundo de mí. Pues ellos me han permitido y me siguen permitiendo el reencuentro con mi verdadera esencia. Y me alientan a observar cara a cara mi falsa identidad y a atreverme poco a poco a mostrarme al mundo tal y como soy en esencia.

Todos tenemos máscaras, armadura, ego. Está implícito en el ser humano. Y estas máscaras externas desalineadas de nuestro auténtico y genuino fondo (nuestra esencia) son la mayor causante de sufrimiento emocional en el mundo. Y las tenemos tan integradas que nos parece que eso somos nosotros.

Mi escribir y mostrarme es para mí eso. Una forma de trascender mis máscaras (mi falsa identidad) e inspirar a otros seres humanos a hacer lo mismo y a atreverse a vivir desde su genio interior (#thegeniusinme).

Y, ¿sabes qué es lo más bonito? Que resulta que existen especies de rosales sin aguijones.

roSER vinyet

#ego #identidad #esencia

amor incondicional

Le llamamos amor cuando es ego

Si estás dispuest@ a abrirte a otras perspectivas te recomiendo que sigas leyendo y descubrirás porqué le llamamos amor cuando en realidad es ego.

 

Este #innerpost nace de un feedback que me hicieron por privado en referencia a uno de mis #balsamicdarts de Instagram. Por si no lo sabes, los #balsamicdarts son reflexiones escuetas fruto de tomas de conciencia en mi propia experiencia vital. Les llamé así porque para mí son dardos balsámicos; dardos para el ego, bálsamo para el alma. Y mi intención con ellos es ofrecer perspectivas diferentes para retar a tu sistema de creencias instalado en tu cerebro, con la voluntad de que veas más de ti, que expandas tu conciencia (si así tiene que ser) y liberes a tu alma.

Dicho esto, vamos al grano. La reflexión en ese #balsamicdarts en concreto era: “Cómo te comunicas con los que (en teoría) amas es como te comunicas contigo mismo”. Ese paréntesis fue lo que movió a la persona en cuestión a escribirme. ¡Bravo! Algo se movió en él. Misión cumplida. “¿¡Cómo qué “en teoría”!? O se ama o no se ama. Yo amo en realidad, no en teoría”. Deciros que ese paréntesis fue colocado ahí con toda mi intencionalidad. La intencionalidad de provocar reflexión acerca de qué tipo de amor estamos practicando. ¿Amor incondicional o amor condicional?

 

Soy madre de un niño y una niña, y desde siempre había oído que el amor maternal es el más incondicional de todos. Mentira. Y digo mentira porqué me he observado millones de veces (desde mi inconsciencia) experimentando el amor condicional: intentando querer cambiar las situaciones que se están dando con mis hijos, rechazando interna o externamente sus comportamientos, intentando evitar que se sientan como se sienten en un momento determinado por qué no sé cómo lidiar con ello. Y eso no es amor incondicional. Eso es amor condicional aprendido. Mi querer cambiar las situaciones e intentar imponer como yo creo que deberían de ser (patrón de control), mi rechazar interna o externamente sus comportamientos (patrón juicio bien/mal) y mi intentar evitar que se sientan como se sienten (patrón rechazo) no surgen de las situaciones, ni de ellos, nacen en mí. Nacen en mi sistema de creencias absorbido y aprendido por mi niña. Y surgen precisamente para que yo aprenda a amarles y amar incondicionalmente. Y así es como se dan esas situaciones en las que ellos (desde el amor incondicional que son) actúan como un espejo para mí.

 

Me atrevería a afirmar que todos hemos sido criados y educados desde el amor condicional. Todos fuimos rechazados en algún momento por nuestros padres por como estábamos viviendo nuestras emociones, o por como desde nuestra inocencia y virginidad en actuar desde creencias sociales, nos comportábamos en según qué situaciones. Todos, poquito a poquito, fuimos programados para ir aprendiendo qué era lo que estaba bien y qué era lo que estaba mal, y fuimos reprendidos (de una u otra forma) cuando éramos la versión de nosotros mismos que era la “mala”. Todos fuimos enseñados para buscar fuera de nosotros lo que en teoría nos faltaba para ser perfectos y completos.

 

No hace demasiados días observé una escena que me llevó a comprender más profundamente esto. Un lunes, mi hijo de 8 años tenía que exponer oralmente en clase un trabajo sobre un tema que él había escogido. Por la tarde, al recogerle en el colegio con mi madre, le pregunté a mi hijo: “¿Cómo ha ido tu exposición?”. Antes que él pudiera responder mi madre preguntó “¿Qué ha dicho la maestra?”. Tomé consciencia de la magnitud del peso que conllevaba una pregunta aparentemente tan tonta como esa. Tomé consciencia de como yo fui educada para buscar el valor de lo que yo hacía en la aprobación externa, de cómo inconscientemente nos enseñaron a vislumbrar y otorgar el poder a autoridades externas a nosotros. Y como una sola opinión (juicio) externo acabaría determinando la valoración bien/mal a lo que hacemos. Y en consecuencia la valoración de lo que somos. Porqué los niños no diferencian su SER de su hacer. Y cuando des validamos su hacer, entienden que estamos des validando su SER.

Yo noté mi contracción emocional corporal como reacción a esa frase de mi madre. Y podría haber escogido explicarle racionalmente mi filosofía educacional. En vez de eso, decidí estar presente para mi hijo y regalarle estas otras preguntas: “¿Has disfrutado haciéndolo? ¿Qué es lo que has aprendido de ello? ¿Cómo te has sentido haciéndolo?”.

 

Tomar consciencia de desde qué tipo de amor, desde qué heridas de nuestros padres, desde qué creencias fuimos criados es indispensable si no queremos reproducir este modelo de crianza y educación para con nuestros hijos.

 

Está claro que lo que sentimos por nuestros hijos y muchas otras personas es amor incondicional, porqué por mucho que hagan cosas que a nuestro ego no le gusten seguimos amándoles. Pero me refiero a identificar cuando es que nuestro ego y nuestr@ niñ@ herid@ se filtra en nuestras situaciones diarias y tiñe de condicionalidad ese amor puro.

Practicar conscientemente el amor incondicional no es posible si uno no se ama incondicionalmente a si mism@. El amor empieza y acaba en un@ mism@.

Y eso es lo que hemos venido a aprender: A amar incondicionalmente todo.

Y ese Todo incluye: todo lo que sucede, tal y como sucede, me incluye a mí y a todos lo que están en mi vida.

Y ahora puedo oír a tu ego decir: “¡esto es imposible!”, “¡menudo faenón cambiar todo eso!”. No hay que cambiar nada. Solo observar y sentir.

Sentir lo que siento sea lo que sea. Observando mi cuerpo y mis pensamientos. Sin pretender encontrar respuestas en mi cerebro.

Solo observando mis patrones de miedo en todas sus múltiples formas; ira, tristeza, miedo, rechazo, control, juicio, comparación, celos, etc… Puedo escoger en cada instante presente la versión de mí que escojo ser.

Solo observando mis patrones de necesidad de control puedo aprender a rendirme ante la vida.

Solo observando y cuestionando mis juicios, lo que aprendí que estaba bien o estaba mal, puedo reaprender a verlo todo como perfecto y válido sin sentir la necesidad de cambiarlo.

Solo observando mis patrones de rechazo puedo aceptar mi ignorancia, mi incompetencia, mi perfecta imperfección de manera compasiva.

 

Solo observando una y otra vez mis patrones inconscientes, las heridas de mí niñ@ que acabaron desarrollando una falsa identidad como sistema de supervivencia, protección y miedo, puedo hacerlos cada vez más conscientes y trascenderlos.

 

Y si el amor maternal/paternal está infiltrado de la condicionalidad y dualidad del ego, ni qué decir sobre el amor de pareja, amor filial, el fraternal y otros tipos de amor…

 

Desde mi punto de vista, las relaciones con un vínculo emocional mayor son el gran regalo en nuestra vida. Pues ellas nos permiten ver nuestra parte más oscura para trascenderla y también nuestra parte más luminosa para reconocernos en ella.

 

Y no hay culpables en las generaciones que nos precedieron. Solo hubo inconsciencia. Fuimos (inconscientemente) criados desde la ignorancia y las heridas emocionales de nuestros padres, y ellos de los suyos, y así hasta siglos atrás, desde la mejor intencionalidad del mundo y lo mejor que supieron y pudieron hacer. Palabras que escribo con todo el respeto, la comprensión y la compasión que en este momento soy capaz de sentir. Reconociendo que yo también he culpabilizado a mis generaciones precedentes de mis heridas. Y reconociendo que es a mí y a nosotros a quien nos corresponde sanarnos como individuos adultos para vivir nuestras relaciones amorosas desde la elección de la consciencia y no desde los patrones automáticos disfuncionales de nuestro inconsciente. A nosotros nos corresponde aprender a amar incondicionalmente.

roSER vinyet

# amor # apego # egoísmo

ADICCIONES: SON NECESARIAS

# adicciones 

Antes de leer este #innerpost te advierto que las perspectivas que en él comparto pueden confrontar radicalmente a tu sistema de creencias. Si no estás dispuest@ a ello, te recomiendo que no lo leas.

La adicción es inherente al ser humano. La adicción forma parte del ego y de su apego. Y el apego es miedo.

Observa:

Cada vez que enciendes un cigarrillo, ¿qué cortina de humo estás necesitando poner entre tú y el mundo?

Cada vez que comes compulsivamente, ¿de qué tienes hambre realmente?

Cada vez que sales a correr para evadirte o des estresarte, ¿de qué estás intentando huir?

Cada vez que bebes bebidas alcohólicas, ¿de qué tienes una sed tremenda?

Cada vez que te tomas una pastilla para dormir o una dosis de droga, ¿qué estás intentando adormecer o anestesiar?

Cada vez que revientas tu VISA comprando cosas que no necesitas, ¿qué intentas poseer? ¿Qué estás intentando tener que crees que no tienes? ¿Quién estás intentando ser?

Cada vez que trabajas y “haces” sin descanso, ¿qué estás intentando demostrar? ¿A quién? ¿Qué agotamiento no te estas permitiendo?

Cada vez que revisas tu móvil automáticamente, ¿qué forma de amor, validación, reconocimiento estás ansiando?

Cada vez que juegas constrictivamente, ¿en qué ámbito de tu vida no te estás atreviendo a jugar?

Cada vez que cambias de pareja por qué la que tenías no te satisface, ¿qué vacío estás queriendo cubrir externamente?

Cada vez que intentas solucionar o salvar la vida a alguien sin que te hayan pedido ayuda, sin pedir permiso y sin obtenerlo, ¿qué estás evitando solucionar en tu vida? ¿Qué capacidad crees que posees tú que el otro no posee? ¿Cuál es el valor y la utilidad que te otorgas con tu intentar resolver?

 

En la que sea que es tu adicción o adicciones, ¿qué es lo que estás evitando SENTIR con ella? ¿Qué es lo que inconscientemente deseas sentir cuando te sorprendes volviéndolo a hacer? ¿Y, es como esperabas sentirte cómo te sientes en realidad después de tu dosis?

El Ego del ser humano fue programado para evitar el momento presente. Para juzgar lo que ES. Para temer a lo que ES. Para sobrevivir. Para evitar SENTIR.

El SER humano fue creado para experimentarse en el presente. Para amar incondicionalmente lo que ES. Para vivir. Para SENTIR.

Todos somos adictos a algo o a alguien. Yo también. Aunque en realidad, no somos adictos a ese algo o eso alguien. A lo que somos adictos es a nuestro sistema de creencias y a los químicos que segrega nuestro cuerpo en forma de emociones ante estos pensamientos que la presencia de ese algo o ese alguien activan.

Las adicciones son necesarias, porque si no, no existirían. Tienen una función, un propósito. Y ese propósito es el de que veas desde qué creencias estas operando, veas el miedo que no quieres sentir.

Lo que inconscientemente nos mantiene en la adicción proviene de nuestro ego, del miedo particular de cada uno. Del miedo esencial a SER.

Lo que esencialmente buscamos en nuestra adicción es el imperante deseo de conectar con nuestra parte divina. Nuestra adicción particular nos muestra el camino de retorno al SER que SOMOS. Nos muestra el deseo de reencontrarnos con la fuente de amor que SOMOS y la sintamos y expresemos.

Porqué en lo más profundo de tu adicción subyace el deseo de SER amor incondicional.

Tu adicción NO eres TÚ.

Tu adicción NO te identifica.

Tu adicción NO es un PROBLEMA a ser erradicado con dolor, culpabilidad y desde el esfuerzo y la obligación.

Tu adicción es un SÍNTOMA.

Un síntoma externo de una herida interna que grita ser sanada.

Tu adicción es un REGALO.

Un regalo que ha sido puesto ahí para que lo único que hagas con ella sea observarla CONSCIENTEMENTE, con curiosidad y desde la compasión. Para que descubras qué estás intentando encontrar en ella.

Cada observación consciente de tu acto de adicción es una miguita de pan para qué; cual Hansel y Gretel, recorras el camino hacia encontrarte con el amor incondicional que ERES.

Cuando por fin veas todo lo que tenías que ver en ella, cuando TE encuentres en ella, tu adicción se desvanecerá sola, naturalmente.

roSER vinyet

Crea un vínculo emocional virtuoso con tus hijos

Cuando nos conocemos a nosotros mismos, estamos dando a nuestros hijos la oportunidad de que se sientan libres y con suficiente fuerza como para experimentar, sin temores ni restricciones, su propio mundo emocional. Daniel J. Siegel.

Las emociones visten cada aspecto de nuestras vidas y de nuestra cotidianidad. Sobre todo en nuestro rol de padres, muchas veces nos vemos en situaciones con los niños en las que resulta fácil perder la calma. Por ello, saber cómo reconocerlas y gestionarlas, además de ayudarnos a evitar sentimientos de frustración o culpabilidad, nos permite desarrollar vínculos más saludables con nuestros hijos. Básicamente, cuando nosotros aprendemos sobre nuestra emocionalidad, también estamos preparándonos para facilitarles a los más pequeños que vivan y gestionen la suya propia.

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Sentir. Todo lo hago para Sentir

¿Sabes qué es lo que realmente anhelas cuando te propones un objetivo o un reto? No es conseguirlo, sino que anhelas sentir lo que crees que sentirás cuando lo consigas.

Te invito a que te preguntes: ¿Cómo crees que te sentirías si al final te decidieras a cambiar de trabajo, de pareja o de ciudad? ¿Cómo crees que te sentirías si tuvieses el cuerpo más atlético, la nariz más pequeña o más pelo en la coronilla? ¿Cómo crees que te sentirías si quien crees que te hace tu vida imposible saliese de ella o quien crees que te la hacía más bonita volviera a formar parte de ella? ¿A lo mejor tu respuesta es tranquil@, feliz, segur@, afortunad@?

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La lógica coherente de las etiquetas

¿Cuáles son las etiquetas que un día; de pequeño, validaste de ti mismo? ¿A lo mejor: tímid@, egoísta, lent@, imperfect@, etc.? Hasta los siete años, todo lo que nos dicen que somos lo aceptamos sin filtrar, porque nuestro cerebro de niño simplemente no tiene la capacidad para hacerlo. Todavía no tiene formado del todo el lóbulo frontal, que es el que tiene la capacidad de razonar y poner en duda estas etiquetas. Y así, es como llegamos a adultos pensando que somos lent@s, tímid@s, egoístas o imperfect@s.

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Nuestros hijos también nos ayudan a crecer como padres

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar, pero no vivirán tu sueño.
Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.
Sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño y en cada vida.
Quedará para siempre la huella del camino enseñado.
Madre Teresa de Calcuta.

Muchas veces estamos dispuestos a hacerlo todo por nuestros hijos, menos dejarles ser ellos mismos.

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Cuando la vida te cambia de planes

Cuando la vida, de pronto y sin pedirte permiso, te cambia radicalmente los planes, entras en una espiral frenética de emociones de: rabia, tristeza, frustración, desesperación, miedo, etc. Te sientes desprotegid@, sol@, minúscul@ y absolutamente vací@. Dudas de ser capaz de encontrar la fuerza para luchar y salir de esta espiral. Y la pregunta “¿por qué?” te rompe a martillazos el cerebro. Acabas exhaust@ y agotad@.

¿De verdad importa tanto el “por qué”?

¿Cambiaría algo de tu realidad conocer el por qué? ¿Podrías afirmar rotundamente que lo que te va a aportar esta experiencia no es lo mejor para tí a un tiempo vista? ¿En base a qué puedes afirmar saber lo que es mejor para tí? Deja de preguntarte “¿por qué?”. Y Empieza a preguntarte “para qué” me está sucediendo esto?

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¿Sabes cómo funciona el cerebro de tus hijos?

Bruce Lipton, en un fragmento de uno de sus libros la biología de la creencia, señala: “Los comportamientos, las creencias y las actitudes que los humanos observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro (…) Una vez que la información se almacena en el subconsciente, controla nuestra biología durante el resto de nuestra vida”.

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